1. Absolutamente todo el partido entre Ghana y Uruguay, deteniéndose en Muslera, Asamoah Gyan, Luisito Suárez, Lugano que sale lesionado a sufrir 2 horas en el banco, Mensah que estaba para cerrar el partido y que a su turno pierde un penal decisivo. Y por qué no, en Forlan y Muntari, que hicieron magia para dirigir la Jabulani desde distancia. Pero la toma final es Abreu abusando del destino. Hijo de puta grande, qué increíble es el fútbol.
2. Los goles fantasmas. El gol offside de Carlos Tévez no sólo dañó mortalmente a México que fue el que puso el arco, sino también a Inglaterra que ya estaba eliminada. No contentos con haber sufrido un robo abierto y vergonzante en el no-gol de Lampard, los ingleses tuvieron que soportar que Argentina reeditara su suerte mundialera, esta vez sin mano de dios pero Tévez les roba tanto a mexicanos como ingleses. Hay goles que atraviesan de un partido al otro. Pero no se olviden que Inglaterra sabe de robos y desde el '66 que le debía uno a Alemania.
3. El día que Ramírez debió jugar. Ante Chile, Brasil ganó como ganan los tacaños: de pelota parada, de contragolpe, con soberbia y economizando lo que le sobra. Así se puso 2-0, como si Kaká efectivamente estuviera en un buen momento o Luis Fabiano tuviera la mitad del pedigrí futbolístico de Romario, Ronaldo o siquiera Bebeto. El único que puso más fue un volante, Ramírez, que corrió con la bola tantos metros como el antiguo Brasil y sirvió a Robinho. Pero no, Dunga es bobo y contra Holanda repitió a Felipe Melo. Cómo habrá sufrido Ramírez al pensar que él podría haber hecho el mismo pase, evitar el autogol (bastaría no saltar cuando no hace falta) o no dejar al equipo con uno menos.
4. Messi en el altar de los sacrificios. Cuando Alemania ya ganó 4-0, cuando los argentinos se ven invadidos de una tristeza que sólo sienten los que van a perder títulos mundiales (los chilenos una sola vez estuvimos cerca de estar así de tristes, pero JM era joven entonces y una vez no cuenta), entra Maradona a la cancha, besuquea a Mascherano me parece, y acto seguido va hacia Lionel Messi. Él no quiere el abrazo, no quiere el beso, no quiere consuelo. Maradona es un patriarca cruel que ha subido a su heredero -su hijo que tanto tardó en venir- a un altar del antiguo testamento sólo para demostrarle a cierto dios (¿cuál?) que nada es tan importante como la autoridad (¿de quién?).
domingo, 4 de julio de 2010
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2 comentarios:
Feñita, creo que los debieras escribir tú. Se pasó lo bien que describes las situaciones y lo interesante que resultan al ser leídas.
Fellatios mas o menos, creo que ni el gol de Tévez o el de Lampard habrían cambiado las cosas, sinceramente.
Lo de Uruguay me parece doigno de contárselo a los nietos. Ya me veo sentado en una banca afuera de mi casa en un día de verano.
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