¿Qué podemos concluir tras el mundial -el único- que organizó el continente africano? Eso depende del lugar desde el que queramos ver este mes que se extinguió en Johanesburgo: desde Chile y su selección, o desde el asiento del aficionado al fútbol de todos los tiempos y de todos los equipos.
Como espectador chileno, tengo que decir que este mundial ha sido muy intenso. La espera de 12 años, como le pasaría al whisky, aumenta la graduación alcohólica de las expectativas. Entre el 16 de junio y el domingo 27, el equipo chileno mostró capacidades que le conocimos y desnudó algunos déficit que a lo mejor nos dolió constatar, pero ahí están. Atacamos mucho. Sabíamos que esa era la mejor fase del juego (muchos temíamos el comportamiento de la defensa) y tanto fue así que a Honduras y sobre todo a Suiza les ganamos a base de porfía, insistencia, simples probabilidades. De tanto y tanto ir, cayeron dos goles que parecen escasos y algo improbables (Beausejour y cabezazo de Mark: convengamos que no era lo esperado).
Sin embargo, ante España y Brasil parecimos un equipo distinto. Es natural. No es que hayamos cambiado o regresado irreconocibles: ante equipos más exigentes todavía nos falta. ¿Qué nos falta? Pausa. Cabeza fría cuando toca ir perdiendo. Contragolpe. Banca nos falta, no tenemos reemplazos de altura cuando faltan los capos del equipo. Y eso que Bielsa tenía un esquema algo diferente, no muy claro (¿era 4-3-3 o 4-3-1-2?), pero que suponía línea de 4 aun cuando España atacaba con 1,5. Así que los dogmas fueron revisados y tanto el técnico como el equipo vencieron algunas maldiciones. Pero falta trecho, faltan años, no es razonable tomar asiento frente al panorama que deja el mundial porque las ambiciones superan lo que se ha logrado.
¿Pudimos haber hecho algo más, al nivel de Paraguay o Argentina? Difícil, pero si Paredes hubiera embocado contra Suiza o si a Honduras se le hubiera hecho más daño, o si el despeje de Bravo hubiese salido a la tribuna y no al botín de Villa, quizás pudimos enfrentar a Portugal en vez de la canariña. Déjeme decirle que era un equipo mezquino, menos inexpugnable que Brasil, pero en todo caso estoy cierto que ellos deben pensar: "si hubiera sido contra Chile en 8vos, pasábamos".
Como observador de fútbol, repaso mentalmente y creo que este mundial nos deja el recuerdo de Diego Forlán y su estatura de jugador decisivo, Özil y el regreso de la técnica a la selección Alemana, Gyan de Ghana, Müller poniendo técnica en velocidad a un equipo que contraataca con sentido artístico, Fucile y un estilo tan aguerrido como sutil si llegaba el caso, la frontalidad de Iniesta en un equipo trabajador pero un poco estítico como España. Veo pocas otras cosas rescatables. Italia, Brasil, Francia e Inglaterra, cada cual en su medida, nos dejan frustraciones.
La aparición de jugadores talentosos desde zonas inusuales del campo -y el fracaso de los 10 clásicos como Messi o Kaká- es también otro elemento relativamente inesperado:
- Robben, que es un wing izquierdo retrasado y además cambiado de lado
- Dani Alves como lateral derecho adelantado que hace la pega que ni Robinho ni Kaká son capaces de hacer
- Suárez como mediapunta totalmente desordenado que a veces centra y otras remata, a veces se engancha y a veces tranca
- Salcido de México que vuelve a los orígenes del lateral atento a la pelota cuando marca y agresivo cuando se larga.












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